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Recuerdo estar del otro lado de puerta mientras escuchaba los gritos

Picture by: Michal Jarmoluk

Recuerdo estar del otro lado de puerta mientras escuchaba los gritos, las rasgaduras de ropa y los golpes bien asestados contra su humanidad.

En el aire había una mezcla de tabaco, alcohol y un profundo olor a rabia y tensión; pasaron lo que pudieron haber sido 3 minutos o una eternidad hasta que me decidí a ser valiente y enfrentar la furia de este ser que atentaba contra mi felicidad y mis mejores años como infante, me plante ante él con una pequeña botella de refresco de plástico en las manos, con la mirada entre desafiante y con miedo le aulle que la soltara, en ese momento pude sentir lo caliente de mi sangre recorrer todo mi cuerpo, pude ver como las gotas caían con fuerza sobre sus cuerpos adhiriendo su ropa y haciéndolas casi transparentes.

Hasta que, después de lo que pareció una eternidad los 2 bajaron los brazos, se vieron desarmados y la furia se volvió confusión, en ese momento él la soltó.

A los 5 años pude decir orgullosamente que gane mi primera batalla, pero nunca me esperé lo que la vida a continuación me hizo sufrir…

Cleymer Jauregui


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Amantes (Baldomero Fernández).

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Ved en sombras el cuarto, y en el lecho
desnudos, sonrosados, rozagantes,
el nudo vivo de los dos amantes
boca con boca y pecho contra pecho.

Se hace más apretado el nudo estrecho,
bailotean los dedos delirantes,
suspéndese el aliento unos instantes…
y he aquí el nudo sexual deshecho.

Un desorden de sábanas y almohadas,
dos pálidas cabezas despeinadas,
una suelta palabra indiferente,

un poco de hambre, un poco de tristeza,
un infantil deseo de pureza
y un vago olor cualquiera en el ambiente. Sigue leyendo “Amantes (Baldomero Fernández).”

Fragmento de “La isla de la fortuna” (Pietro Chiari).

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La fe en la fortuna es encomiable pero la mentira de su argumento no es irrefutable. Desconocida en nuestra geografía es la efervescencia del breve destino, que se suma al extravío de nuestro viaje un día antes de dar a luz la dolorosa novedad de nuestra empresa, que consiste en permanecer como una flor viuda en la bárbara condición que nos esclaviza y que nos somete a duras pruebas ya desde la infancia. No desconfiemos del tiempo ni de las palabras, puesto que son ellas nuestra menor desesperación.

Sigue leyendo “Fragmento de “La isla de la fortuna” (Pietro Chiari).”

Los jóvenes que despiertan al amanecer (fragmento), de “Androgyne mon amour” (Ernest Hemingway).

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Los jóvenes que despiertan al amanecer pueden asustarse de ser expulsados con demasiada rapidez de sus protectores sueños de una madre, no recordados. Repentinamente, entonces, pueden sentir la verdadera enormidad de la exposición a la casualidad. La mañana que recién comienza, está colmada de demandas susurradas que ellos sospechan no poder satisfacer. ¿Y en quién pueden confiar suponiendo, temerariamente, que todavía sean capaces de confiar sino en alguien (tú) cuyo nombre ha regresado a la confusión de muchos nombres de anoche?. Te miran con precaución mientras te das vueltas y suspiras en sueños. Están envidiosos de ti, de tu sueño, que todavía te protege de los susurros que se hacen más audibles cada instante. Se sientan, con cuidado, en el borde de tu cama, agobiados y temblorosos como viejos sentados en los bancos, tosiendo con tos de fumadores… Pregunta: Si no estuvieras durmiendo ¿los llevarías otra vez contigo al cálido olvido, o, si te despertaras en este momento, acaso ellos no serían para ti tan sin nombre como tú para ellos, y aun menos confiables? Probablemente sí, ya que el recelo es, entre las divisas heráldicas del escudo de tu corazón, la que parece más indeleble, como si estuviera tallada allí, o grabada a fuego. ¿Qué les queda por hacer entonces, más que sentarse cuidadosamente al borde de tu cama, mirando de soslayo la prisión de luz que ha traído la mañana? ¿Será mejor a las diez que a las siete? Otra pregunta cuya respuesta, equívoca, espera en el magistral tictac del reloj, de tantos, tantos relojes. Y así, sin que nadie haya pronunciado sus nombres ni haya tocado sus cuerpos agobiados, descienden otra vez al misterio de la cama, tras haber cerrado los postigos para dejar atrás el día un atardecer más.

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Fragmento de “Carta sobre el suicidio” (León Tolstoi).

 

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La cuestión si el ser humano tiene -en general- el derecho de suicidarse, está mal planteada. En realidad el problema no se debe plantear respecto al “derecho”: en el momento que el ser humano tiene la posibilidad de suicidarse, tiene también el derecho de hacerlo. Yo pienso que tal posibilidad de autodestruirse, que nos ha sido dada, representa una válvula de seguridad. Ya que el ser humano puede suicidarse, no tiene el derecho – y aquí tal término se encuentra en el lugar adecuado- de decir que la vida le es insoportable. Si la vida se nos deviene insoportable, podemos recurrir al suicidio; por lo tanto ninguno de nosotros puede lamentarse de la intolerable dureza de la propia vida. Fue dada al ser humano la capacidad de suicidarse, por lo tanto lo puede hacer, tiene el derecho de hacerlo. Y continuamente él mismo hace uso de este derecho, suicidándose en duelos, en guerras, con los excesos, o con el alcohol, el tabaco, el opio, etc. No se puede sólo preguntar si es razonable y moral -estos dos términos son inseparables- suicidarse. ¡No! Suicidarse es irracional, así como tallar los retoños de una planta que se quiere extirpar. Ésta no morirá, crecerá irregularmente, eso es todo. La vida es indestructible, está más allá del tiempo y del espacio. La muerte no puede más que cambiar la forma, poniendo fin a la manifestación en este mundo. Pero renunciando a la vida en este mundo, yo no sé la forma que ésta tomará de nuevo, si me será más grata y en segundo lugar yo me privo de la posibilidad de aprender y adquirir el provecho de mi yo, todo aquello que hubiese podido aprender en este mundo. Por otra parte y sobre todo, el suicidio es irracional porque, renunciando a causa del disgusto que ella me provoca, yo muestro tener un concepto errado de la finalidad de mi vida, suponiendo que sirve para mi placer, mientras ella tiene por finalidad, de un lado, mi perfeccionamiento personal y por el otro la cooperación a la obra general que se cumple en el mundo. Y es por esto que el suicidio es inmoral. Al hombre que se suicida, la vida le fue dada con la posibilidad de vivir hasta su muerte natural, a condición de ser útil a la obra general de la vida y él, después de haber disfrutado de la vida, hasta que le parezca agradable, ha renunciado a ponerla al servicio de la utilidad general, apenas le sea desagradable; mientras verosímilmente él empezaba a hacerla útil en el preciso instante en el cual su vida se endurecía, porque cada obra comienza con sufrimiento.

En tu profunda oscuridad

Cuanto tiempo podemos quedarnos atrapados dentro de nosotros mismos, cuanto tiene que pasar para que nuestras heridas cicatricen y dejemos de lamernos como viles gatos nuestras penas.

Todo para creer que eso nos hace más fuertes y menos propensos a tropezar con las mismas piedras cuando eso nisiquiera es cierto, nisiquiera sabemos o identificamos que dolores y pesares azotan nuestra existencia, tú crees que ganaste, que lo superaste y que puedes continuar cual pez río arriba sólo para llegar al matadero.

Puedes decidir engañarte y pensar que es así más fácil, pero te sabes destruido e incapaz de abrir los ojos en tu profunda oscuridad…

Cleymer Jauregui


Apenas te vi, lo supe…

Recuerdo la primera vez que te vi, justo en brazos de mi mejor amigo un martes cualquiera en la noche, cuando pienso en ese momento lo único que acude a mi es lo increíblemente bella que te veías.

Nos presentaron y podía sentir los latidos de mi corazón como nunca antes, estreche tu mano y acto seguido, sólo me dediqué a observarte y sonreir…

Muy pronto supe que serías una gran historia, serías mi amor imposible al cruzarte inesperadamente conmigo, aunque se que ella pasaba de largo al verme, siempre atesore los momentos y cada palabra que ella me dijo quedó grabada en lo más bello de mi mente, hoy al escribir esto, puedo recordar cada una de ellas con cariño, admiración y con cierto brillo en los ojos.

Nunca le he temido al rechazo, cuando alguien tiene mi interés, lo sabrá, pero por algún motivo nunca estuve listo para ti, siempre fue un misterio guardado por años esperando resolverse, ahora llegó, demasiado tarde como para pasar un rato más a tu lado.

La vida me enseñó que Los amores imposibles fueron para quedarse así: imposibles.

Cleymer Jauregui