Huir…

Nací en un pueblo cerca del mar, camino en la vida con una mochila llena de recuerdos de las personas que me han ayudado y enseñado en la vida.

La verdad es que nunca he tenido deseos de quedarme aquí, si no que siempre he sentido la necesidad de alejarme de él, quería descubrir el mundo, que me podría ofrecer, quería saber que otras vidas podía vivir fuera de aquí.

Existía algo más? Tenía que conocerme a mí mismo, quería huir de mi propia involución, del conformismo, de la superstición, huir del miedo a la libertad, de mi propia ignorancia, huir de mi estancamiento, de las tradiciones que me estancarían, simplemente quería huir.

Pero ahora finalmente estoy preparado para hacer todo eso antes de huir, ahora aprecio su increíble belleza, la belleza de como habla la gente, con palabras y expresiones únicas, imposibles de encontrar en ningún otro lugar, ese sentimiento de comunidad que se tienen los unos con los otros, de cómo se ayudan mutuamente y como se joden cada que pueden, de cómo conservan formas de vivir muy antiguas que ya han desaparecido en muchos otros lados y de esa sabiduría aprendida que pasa de generación a generación.

Levantarme todos los días es como revivir un viejo pasado que pensé ya había muerto.

Tenía una sola ilusión

Anoche desperté en plena madrugada, pensé era por el calor, pero no, eras tú, fue por ti, no podía dejar de pensar en ti, ni en sueños.

Tenía una sola ilusión, tan serena
que calmaba mis males y alegraba mi pena
con el claro reflejo de una lumbre de hogar.

Entonces a las 4 de la madrugada decidí que hacer, no había mucho que pensar, dentro de mi todo era claro, lo demás se lo dejaba al cielo, a Dios, a la suerte, a ella…

Conoces ese momento de sentirte libre, esa libertad que te da el saber que estás haciendo algo bueno, algo grande, algo que te gusta te motiva te da fuerza cada día, en cuanto te levantas.

Algo que siempre has deseado hacer y en este momento ves que lo has alcanzado, que por fin eres feliz…. Y te sientes fuerte.

Soltero en cuarentena

Recuerdo ese 24 de febrero como si fuera ayer, se podria decir que fue el día en el que todo terminó.                        Después de saber la verdad la noche se hacía aterradoramente larga, no podia conciliar el sueño y mis ojos cansados ya de llorar.  

Llego el momento de la marcha, yo me he ido de muchos lados sin problema, pero esta vez yo partía y ahí se quedaba una parte de mi vida.

Los días pasaron, los días mejoraron y también porque no, al conocer a una chica un fin de semana me permití una ilusión, arriesgado de mi parte… sí, pero que más da, hace 10 años que no era soltero.

Parecia que todo iba bien, la cuarentena me esta afectando, no puedo salir, no puedo ver a mis amigos y mi ilusión por la chica, de momento tiene que esperar.

Ser soltero en cuarentena es jodido.

Hasta nunca viejo amor…

Hasta nunca viejo amor…

Hoy me despido de ti, de nosotros, de todo eso que pudo ser y ya no será,

Me despido de ti porque no deseo abrumar más a este corazón.

Sé muy bien que me estoy haciendo daño,

Me despido de ti aunque te amo,

Te amo, pero sobre todo me amo

Me amo y es por eso que me despido…

Podría escribir los versos más tristes esta noche

Pero cuando busco en mi memoria solo estas tú,

Y me paralizo, mi estómago se encoge y mi mente se nubla,

Y quisiera creer en el destino pero sé que el destino no existe,

Sé que nosotros existimos y que ya es momento de decir adiós…

Adiós, mi amor, gracias por lo que me diste y

Gracias por cada vez que vuelvas a pensar en mí.

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Éxito y fracaso

a través de Éxito y fracaso

Si el esfuerzo intensivo y supino no garantiza el fin anhelado, lo crucial deviene el grado de elasticidad de nuestros jóvenes para sostener un fracaso no obtenido por desidia. Que los parámetros por los que evaluamos la vida sean un supuesto “éxito” social, harto cuestionable, produce un dualismo, casi sustancial, entre los integrados triunfadores y los quebrados ignorados.

Nunca, quizás, como ahora fue tan imprescindible una transvaloración de los referente axiológicos a partir de los que se erige nuestra identidad.

Amantes (Baldomero Fernández).

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Ved en sombras el cuarto, y en el lecho
desnudos, sonrosados, rozagantes,
el nudo vivo de los dos amantes
boca con boca y pecho contra pecho.

Se hace más apretado el nudo estrecho,
bailotean los dedos delirantes,
suspéndese el aliento unos instantes…
y he aquí el nudo sexual deshecho.

Un desorden de sábanas y almohadas,
dos pálidas cabezas despeinadas,
una suelta palabra indiferente,

un poco de hambre, un poco de tristeza,
un infantil deseo de pureza
y un vago olor cualquiera en el ambiente. Sigue leyendo “Amantes (Baldomero Fernández).”

Fragmento de “La isla de la fortuna” (Pietro Chiari).

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La fe en la fortuna es encomiable pero la mentira de su argumento no es irrefutable. Desconocida en nuestra geografía es la efervescencia del breve destino, que se suma al extravío de nuestro viaje un día antes de dar a luz la dolorosa novedad de nuestra empresa, que consiste en permanecer como una flor viuda en la bárbara condición que nos esclaviza y que nos somete a duras pruebas ya desde la infancia. No desconfiemos del tiempo ni de las palabras, puesto que son ellas nuestra menor desesperación.

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Los jóvenes que despiertan al amanecer (fragmento), de “Androgyne mon amour” (Ernest Hemingway).

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Los jóvenes que despiertan al amanecer pueden asustarse de ser expulsados con demasiada rapidez de sus protectores sueños de una madre, no recordados. Repentinamente, entonces, pueden sentir la verdadera enormidad de la exposición a la casualidad. La mañana que recién comienza, está colmada de demandas susurradas que ellos sospechan no poder satisfacer. ¿Y en quién pueden confiar suponiendo, temerariamente, que todavía sean capaces de confiar sino en alguien (tú) cuyo nombre ha regresado a la confusión de muchos nombres de anoche?. Te miran con precaución mientras te das vueltas y suspiras en sueños. Están envidiosos de ti, de tu sueño, que todavía te protege de los susurros que se hacen más audibles cada instante. Se sientan, con cuidado, en el borde de tu cama, agobiados y temblorosos como viejos sentados en los bancos, tosiendo con tos de fumadores… Pregunta: Si no estuvieras durmiendo ¿los llevarías otra vez contigo al cálido olvido, o, si te despertaras en este momento, acaso ellos no serían para ti tan sin nombre como tú para ellos, y aun menos confiables? Probablemente sí, ya que el recelo es, entre las divisas heráldicas del escudo de tu corazón, la que parece más indeleble, como si estuviera tallada allí, o grabada a fuego. ¿Qué les queda por hacer entonces, más que sentarse cuidadosamente al borde de tu cama, mirando de soslayo la prisión de luz que ha traído la mañana? ¿Será mejor a las diez que a las siete? Otra pregunta cuya respuesta, equívoca, espera en el magistral tictac del reloj, de tantos, tantos relojes. Y así, sin que nadie haya pronunciado sus nombres ni haya tocado sus cuerpos agobiados, descienden otra vez al misterio de la cama, tras haber cerrado los postigos para dejar atrás el día un atardecer más.

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Fragmento de “Carta sobre el suicidio” (León Tolstoi).

 

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La cuestión si el ser humano tiene -en general- el derecho de suicidarse, está mal planteada. En realidad el problema no se debe plantear respecto al “derecho”: en el momento que el ser humano tiene la posibilidad de suicidarse, tiene también el derecho de hacerlo. Yo pienso que tal posibilidad de autodestruirse, que nos ha sido dada, representa una válvula de seguridad. Ya que el ser humano puede suicidarse, no tiene el derecho – y aquí tal término se encuentra en el lugar adecuado- de decir que la vida le es insoportable. Si la vida se nos deviene insoportable, podemos recurrir al suicidio; por lo tanto ninguno de nosotros puede lamentarse de la intolerable dureza de la propia vida. Fue dada al ser humano la capacidad de suicidarse, por lo tanto lo puede hacer, tiene el derecho de hacerlo. Y continuamente él mismo hace uso de este derecho, suicidándose en duelos, en guerras, con los excesos, o con el alcohol, el tabaco, el opio, etc. No se puede sólo preguntar si es razonable y moral -estos dos términos son inseparables- suicidarse. ¡No! Suicidarse es irracional, así como tallar los retoños de una planta que se quiere extirpar. Ésta no morirá, crecerá irregularmente, eso es todo. La vida es indestructible, está más allá del tiempo y del espacio. La muerte no puede más que cambiar la forma, poniendo fin a la manifestación en este mundo. Pero renunciando a la vida en este mundo, yo no sé la forma que ésta tomará de nuevo, si me será más grata y en segundo lugar yo me privo de la posibilidad de aprender y adquirir el provecho de mi yo, todo aquello que hubiese podido aprender en este mundo. Por otra parte y sobre todo, el suicidio es irracional porque, renunciando a causa del disgusto que ella me provoca, yo muestro tener un concepto errado de la finalidad de mi vida, suponiendo que sirve para mi placer, mientras ella tiene por finalidad, de un lado, mi perfeccionamiento personal y por el otro la cooperación a la obra general que se cumple en el mundo. Y es por esto que el suicidio es inmoral. Al hombre que se suicida, la vida le fue dada con la posibilidad de vivir hasta su muerte natural, a condición de ser útil a la obra general de la vida y él, después de haber disfrutado de la vida, hasta que le parezca agradable, ha renunciado a ponerla al servicio de la utilidad general, apenas le sea desagradable; mientras verosímilmente él empezaba a hacerla útil en el preciso instante en el cual su vida se endurecía, porque cada obra comienza con sufrimiento.

Destacado

Recuerdo estar del otro lado de puerta mientras escuchaba los gritos

Picture by: Michal Jarmoluk

Recuerdo estar del otro lado de puerta mientras escuchaba los gritos, las rasgaduras de ropa y los golpes bien asestados contra su humanidad.

En el aire había una mezcla de tabaco, alcohol y un profundo olor a rabia y tensión; pasaron lo que pudieron haber sido 3 minutos o una eternidad hasta que me decidí a ser valiente y enfrentar la furia de este ser que atentaba contra mi felicidad y mis mejores años como infante, me plante ante él con una pequeña botella de refresco de plástico en las manos, con la mirada entre desafiante y con miedo le aulle que la soltara, en ese momento pude sentir lo caliente de mi sangre recorrer todo mi cuerpo, pude ver como las gotas caían con fuerza sobre sus cuerpos adhiriendo su ropa y haciéndolas casi transparentes.

Hasta que, después de lo que pareció una eternidad los 2 bajaron los brazos, se vieron desarmados y la furia se volvió confusión, en ese momento él la soltó.

A los 5 años pude decir orgullosamente que gane mi primera batalla, pero nunca me esperé lo que la vida a continuación me hizo sufrir…

Cleymer Jauregui